¡Ya pa’ qué! Aguilar corre a recoger la leche derramada tras el “colorazo” climático
¡Maes, el que explica, se complica! Y parece que al candidato José Aguilar Berrocal, del Partido Avanza, se le olvidó esa regla de oro.
Después de que La Nación lo dejara pintado como un escéptico del cambio climático (o sea, de esos que creen que el planeta está fresco como una lechuga), el hombre salió corriendo a tratar de apagar el incendio. Pero, seamos honestos: cuando uno tiene que salir a decir “yo no dije lo que ustedes creen que dije”, es porque ya tiene el agua hasta el cuello.
La “reculada” con números (pa’ variar)
Aguilar, fiel a su estilo de “yo soy el dueño de los datos”, quiso arreglar la torta sacando un informe llamado EDGAR 2021.
¿La jugada? Decir: “Suave un toque, yo sí creo que el clima cambia, pero no sean exagerados”. El candidato se puso a tirar números diciendo que Costa Rica apenas produce el 0,3% de las emisiones mundiales. Su defensa es que somos unos santos en comparación con las potencias y que, por eso, la “narrativa catastrófica” es pura paja para asustar a la gente.
Pero la rectificación le salió mueca. En un país que vende su imagen verde hasta en las postales, salir a decir que el tema ambiental es “alarmismo” es como ir al estadio y gritarle a la Sele. El tico promedio ya se quedó con la idea de que a este mae le importa un pepino el ambiente.
Queriendo cambiar el tema a la brava
Lo que se nota a leguas es la desesperación por cambiar la conversación. Aguilar dice que tanto escándalo por el clima es para distraernos de los huecos, la inseguridad y las pensiones.
Y diay, puede que tenga razón en que la calle está dura, pero usar eso para minimizar la bronca ambiental suena a excusa de chiquito regañado. Es como decir: “No se fijen en que boté la leche, fíjense en que tendí la cama”.
La marca de “El Negacionista”
El problema para Aguilar es que en política, la primera impresión es la que cuenta.
• La Nación le puso el sello de escéptico.
• Él salió a defenderse con tecnicismos y porcentajes (su vieja confiable).
Pero ya es tarde. Para el votante joven y para el sector ecologista, Aguilar ya quedó fichado como el candidato que ve los árboles como números en una hoja de Excel. Querer arreglarlo ahora suena más a cálculo electoral que a convicción real.
El filazo final:
La rectificación llegó, pero llegó renca. La duda ya está sembrada en la jupa de la gente.
¿Será que Aguilar de verdad cree en la ciencia, o solo usa los datos que le convienen para justificar que el ambiente no es su prioridad?
¿Quieren que les cuente cómo reaccionaron los grupos ambientalistas a esta “aclaración”? Les adelanto que no le mandaron flores.

