Se le volteó la tortilla! A Aguilar le llueve parejo en redes por su “nuevo mejor amigo”

Argollas

¡Qué clase de polvorín se levantó en el Facebook, maes! Si creían que la novela de Aguilar y su repentino amor por Bukele iba a pasar por debajo de la mesa, están más perdidos que el chiquito de la Llorona.

Rectifiquemos para no ser chismosos: tenés razón, el hombre no se le cagó (literalmente) ni le mentó la madre a gritos en la plaza pública. Pero ojo al Cristo, que decir que alguien es un “genocida” y que lo “detesta” no son precisamente piropos de enamorado. Son palabras mayores. Por eso es que ahora, verlo a los abrazos y subiendo fotos como si fueran compas de toda la vida, ha dejado a medio Costa Rica con la boca abierta.

El choteo no se hizo esperar

Me puse a vinear los comentarios en redes y, ¡santos cielos!, al hombre lo están haciendo picadillo. Aquí no perdonan una. La gente no es tonta y ya le sacaron los trapitos al sol. Los comentarios más suavecitos le dicen “chaquetero” y “acomodado”.

La indignación popular va por la línea de la coherencia. Un usuario le puso: “Diay, ¿no era que el primo era el diablo? Ahora sale en la foto sonriendo como si le debiera plata. Qué falta de seriedad”. Otro más pachuco soltó: “Este mae se cambia de principios como cambiarse de calzoncillos”.

Y es que, chiquillos, esto es lo que tiene a la gente obstinada. Por eso es que en las elecciones del 2022 el abstencionismo nos golpeó con ese 40,03%. El pueblo ve estas varas y dice: “Todos son la misma carambada”. Ya sea en Zapote o en la Asamblea con sus 57 diputados, pareciera que la memoria les falla convenientemente cuando hay intereses de por medio.

Aguilar pasó de ser el crítico moralista a ser el pariente “tuanis” en tiempo récord. ¿Será que la presión familiar pesó más que la ideología? ¿O será que vio que Bukele tiene barra y quiso guindarse de esa fama?

Lo cierto es que en redes sociales ya lo bautizaron como el “contorsionista político” del año, porque para doblarse así y no quebrarse la espalda, hay que tener práctica.

Al final, Aguilar borró con el codo lo que escribió con la mano, y sin vaselina. ¿Será que la próxima foto es comiendo pupusas juntos o ya es mucho pedir?

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