¡Se le vino la noche! Declaran culpable a José Aguilar por el “manoseo” de datos en el caso Horizonte Positivo
¡Maes, agarren palomitas y siéntense porque esto se puso color de hormiga brava! Como decimos aquí: tanto va el cántaro al agua hasta que se rompe.
Se acaba de confirmar lo que muchos sospechaban desde que estalló el zafarrancho en 2020: José Aguilar Berrocal, el que fuera el Director Ejecutivo y cerebro técnico de la Asociación Horizonte Positivo, ha sido declarado culpable. ¿El motivo? El manejo irresponsable, y ahora confirmado como ilegal, de los datos sensibles de miles de familias ticas en condición de pobreza.
La “Mejenga” que salió cara
Para los que andaban en otra y no se acuerdan de la jugada, aquí les refresco la memoria sin mucho enredo académico:
Todo empezó en 2014, cuando todo era risas y promesas. En ese entonces, Carlos Alvarado (sí, el que luego fue Presidente, pero en ese momento era el jerarca del IMAS) firmó un convenio con André Garnier (el mero mero de Horizonte Positivo y luego Ministro de Coordinación con el Sector Privado). El plan sonaba muy tuanis: usar una metodología “made in Oxford” para medir la pobreza y ayudar mejor a la gente.
¿Pero cuál fue la torta? Que bajo la dirección ejecutiva de José Aguilar, agarraron las Fichas de Información Social —que tienen la vida y milagros de la gente más pulseadora y necesitada del país— y las metieron en tabletas y servidores privados de la fundación. ¡Nombres! Sin pedirle permiso a nadie, ni a la Agencia de Protección de Datos (Prodhab), como si la privacidad de la gente fuera potrero sin cerca.
“No fue la UPAD, pero son primos hermanos”
Ojo al cristo, no se me confundan. Este lío de Horizonte Positivo no es la UPAD, pero se parecen tanto que parecen gemelos separados al nacer.
Cuando a Aguilar le cayeron encima las críticas, el hombre se defendió como gato panza arriba. Decía que era pura filantropía, que solo querían eficiencia técnica y que no había nada político. Pero el fallo de hoy le dice: “Suave un toque, papito”.
La justicia determinó que no se puede jugar de “casita” con la información confidencial del Estado. Al final, Aguilar quedó como el responsable de operar esa maquinaria que, queriendo o no, vulneró la seguridad de miles de costarricenses. Esto confirma ese patrón que vimos en la administración Alvarado: una ligereza pasmosa para soltarle datos a los compas del sector privado.
Las “Puertas Giratorias” y el trago amargo
Lo que más chima de este asunto es la famosa argolla. Vean la alineación:
Carlos Alvarado: Firma como IMAS, luego es Presidente.
André Garnier: Firma como empresario, luego es Ministro “mano derecha”.
José Aguilar: El operador técnico que ejecuta la visión de ambos.
Mientras Aguilar paga los platos rotos hoy, queda la duda en el aire sobre la responsabilidad política de sus jefes y socios de aquel entonces. En un país donde el abstencionismo llegó al 40.03% en 2022 porque la gente está harta de la política tradicional, este tipo de noticias solo le echan más leña al fuego de la desconfianza.
El mensaje quedó claro: la información de la gente no es un juguete para que las ONGs, por más “pipis” que sean, hagan experimentos en sus compus privadas.
Ahora la pregunta del millón, de esas que pican:
¿Será que con esta condena se cierra el capítulo, o Aguilar va a soltar la sopa sobre quién más sabía y aprobaba este desorden de datos en las altas esferas?
¿Gustan que les prepare un resumen sobre cómo este fallo podría afectar futuras alianzas público-privadas en la Asamblea?

